La vida está llena de decisiones, debemos enfrentarnos a tomar decisiones constantemente; decisiones que afectan a nuestro día a día, o a nuestro futuro, que nos afectan a nosotros mismos o a nuestro alrededor. Decisiones que pueden hacer cambiar las cosas tan radicalmente que nunca estamos preparados para ello.

Me considero una persona decidida, fuerte, que afronta el día a día y el futuro como viene, y que rápidamente sabe lo que quiere y tiene las cosas bastante claras. Pero la vida está llena de imprevistos;  y en la mía hace tan solo 10 días ha surgido uno enorme. Un imprevisto con el que no contaba, o no al menos a corto plazo. Así que así me hallaba yo, teniendo que tomar una decisión muy importante. Y no importante para mí sino para mi familia, que creo que incluso es peor, ya que si es difícil decidir por uno mismo, más difícil es hacerlo con la responsabilidad que tiene el saber que afecta a los demás.

En este caso es una decisión familiar que debemos tomar, por cuestiones laborales del maridín, debe ser algo entre los dos, sopesando pros y contras pero al final la decisión final solo depende de él. Así que la decisión que a mí me compete es que postura tomar, que hacer yo, independientemente de lo que él elija finalmente. Como me afecta a mí esta nueva situación y como querer afrontarla. Y aunque me parecía simple no lo es tanto…

He tenido que pensar mucho, ponerme en muchas posturas diferentes, llorar, reír, imaginar, comprender, entender, asimilar, reorganizarme a mí misma para poder encontrar una solución a mi conflicto interno y poder decidir exactamente que es lo que quiero. Y eso, lo que quiero, solo depende de mi misma.

Esta situación me ha hecho volver a preguntarme que quiero yo? ¿Qué me gustaría? ¿Qué espero de mí? ¿Qué espero de mi familia? Y tras caer, reorganizarme y resurgir entre mis pensamientos solo llegué a una conclusión y es que quiero ser feliz. ¿ya, tan solamente eso? pues sí, solamente eso, pero algo tan simple que engloba tantas cosas…

Claro que quiero ser feliz, quiero ser feliz con mis hijos, con mi marido, con mi familia, con el trabajo, con mis amigos,… quiero ser feliz en cada “parcela” de mi vida, no creo en una felicidad absoluta, creo firmemente que la felicidad se compone de pequeños momentos que en conjunto nos hacen felices…Pero… ¿Qué/quienes me hacen felices? y la respuesta me ha costado encontrarla…

La única que me tengo que hacer feliz constantemente soy yo, lo primero es hacerse feliz a uno mismo, el resto va llegando sin tener que buscarlo.

Si yo solo quiero ser feliz, y quien tiene que participar de mi felicidad lo es, entonces me lo hará también a mí. Si no es imposible que yo lo sea mientras el otro no lo es… Una vez me di cuenta de esto que parece tan simple pero que cuesta tanto… ya lo demás se puede ir resolviendo mientras surja…

Estoy segura que surgirán más decisiones igual o más importantes que esta que me atañe ahora, pero al menos en cuanto a esta decisión ya lo tengo claro, yo soy feliz y si mi marido lo es yo voy a serlo aún más así que lo que tengo que hacer es apoyarlo y animarlo para que haga lo que realmente desea. Pero hacerlo con el convencimiento que es realmente lo que siento y por lo que voy a luchar. Si ya lo llevo haciendo durante los 15 años que llevamos juntos, digo yo que ahora no es el momento de tirar la toalla, si no de seguir luchando para ser felices los dos.

Pero como enunciaba… cuando una decisión puede con tanto… parece tan difícil… pues entonces, ¡vamos a hacerlo fácil!