Había dejado un poco aparcado el tema del orden este último mes, pero esta semana he vuelto a retomarlo, le ha tocado a mi habitación. Y es que estoy en una fase en la que busco lo esencial, solo quiero lo esencial para poder vivir, el minimalismo se está apoderando de mi poco a poco…

Y fué de repente, sin pensarlo; estaba limpiando el polvo y en un momento me vi con 3 bolsas de basura llenas de cosas para tirar; había de todo un poco: bisutería, complementos, ropa,… todo material, cosas que ya no uso, no me gustan, hace años que no me pongo… pero también había sentimental…

Sentimental porque me encontré con un par de cajas de recuerdos, pero de recuerdos de toda la vida, las cartas del colegio con mis amigas, las cartas que me escribía con “el maridín” cuando empezamos juntos, servilletas de sitios especiales que hubo una época que me dio por coleccionar, tarjetas de felicitaciones, agendas del instituto y la universidad… en fin, un montón de años y recuerdos guardados en 2 cajas; en 2 cajas que hacía años que no abría, 2 cajas que ocupan un sitio en lo alto de una estantería y que solo toco para limpiar el polvo. Y entonces llegó la pregunta ¿si no lo veo hace años para que lo tengo? ¿porqué lo guardo? Así que dije, tengo que reducir espacio, a ver si en vez de 2 consigo que lo importante se quede en una sola caja… me senté en la cama y fui viendo una por una cada cosa, cada papel,… vi cada recuerdo, cada momento vivido, cada instante al que mis recuerdos me transportaron… y tras vivirlos uno a uno otra vez hice balance y elegí los mejores, los que no quiero olvidar nunca, los que quiero revivir una y otra vez en mi cabeza cada vez que abra la caja donde estén guardados; y entonces guardé todos esos y lo conseguí, conseguí que solo ocupasen una caja.

El resto de cosas, de cartas, de recuerdos, los que metí en una bolsa no los olvido, estarán en mí para siempre; pero he conseguido pasar página, he conseguido saber que es lo que considero importante de todo lo que me ha pasado estos años. Decidir que se queda y que dejo ir ha sido mi lección de esta semana.

Por mucho que cueste, por mucho daño que nos haga perder algo o a alguien, hay que pasar página, hay que valorar que queremos realmente, porqué luchamos día a día, que queremos mantener y que queremos conseguir. Hay que elegir que queremos que se quede en nuestras vidas y haga que esa caja de recuerdos siga haciéndose más grande y especial.

Y tú, ¿estás para quedarte en la caja de recuerdos de alguien?